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EL INFARTO
El comúnmente llamado “ataque al corazón” puede tener dos etapas en quien lo sufre: vivirlo y sobrevivirlo. Y siendo ya compleja la experiencia de padecer uno, ser un sobreviviente merece aún más cuidado.
Si empezamos por definir qué es un infarto, según las palabras del Dr. Ramón Corbalán, cardiólogo del Departamento de Enfermedades Cardiovasculares de la UC, éste es la oclusión de una arteria del corazón debido a la rotura de una placa ateroesclerótica en un sitio de la circulación coronaria, lo que provoca la formación de un trombo que obstruye completamente la circulación en esa zona. Al cesar esta circulación se produce una destrucción de los tejidos, o necrosis (muerte celular), y eso es lo que se denomina infarto al corazón”.
De esta forma, el tamaño del infarto dependerá de la oclusión o el lugar dónde se tape la arteria. Esto definirá si el territorio del corazón afectado es grande o pequeño, y también será importante conocer qué tan prolongado es el tiempo de oclusión de la arteria. Como lo menciona el Dr. Corbalán, si se logra disolver el coágulo precozmente, ya sea en forma espontánea o con los tratamientos actuales, la cantidad de tejido dañado será menor, y la recuperación será más satisfactoria.
La importancia de las primeras horas
Producido el infarto, las primeras seis horas son vitales si se espera una recuperación favorable. Durante este tiempo el paciente puede someterse a una angioplastía primaria, que consiste en abrir la arteria y colocar una malla permeable, o Stent, que ayuda a conservar el diámetro óptimo de la arteria y a reestablecer la correcta circulación sanguínea; de lo contrario, y en caso de no estar cerca de un centro asistencial, la solución será practicar lo que se conoce como Trombolisis, que consiste en la utilización de un fármaco intravenoso, que disuelve el coágulo culpable de la oclusión de la arteria. Aunque este último procedimiento tiene más inconvenientes, ya que debe ser administrado en un tiempo determinado, su oportuno uso podría recanalizar la arteria en un 50% a 60% de los casos.
El especialista explica que “como todo daño en un tejido, el del corazón también toma su tiempo en volver a su normalidad; entonces la recuperación de un infarto tratado precozmente, como por ejemplo, con trombolisis, será mucho mas rápida. Esto, si se compara con el tratamiento de una persona que no ha sido tratada con algunas de estas estrategias terapéuticas”.
El tratamiento
Durante la convalecencia post-infarto, el paciente deberá regirse por un estricto plan médico que, si se sigue al pie de la letra, pueden significar una recuperación óptima y, también, un real cambio de vida.
Las primeras dos a tres semanas de producido el infarto, la persona deberá efectuar una actividad física moderada, pensando en que se está cicatrizando la zona dañada, y mantener una dieta pobre en grasas saturadas. Después de ese período se debe comenzar a hacer ejercicio en forma gradual y controlada por otras tres semanas, lo que facultará a los médicos para comenzar el proceso llamado de Rehabilitación física, previo control con una prueba de esfuerzo que permita graduar la intensidad del trabajo.
Este reposo, como lo señala el Dr. Corbalán, no es sólo físico, si no que también mental. “Generalmente las personas que sufren esta enfermedad están estresados y al día siguiente quieren tomar el celular, el computador y seguir manejando sus asuntos; entonces es importante hacer que esas personas se desliguen, en la medida de lo posible, de sus quehaceres y de su estrés. Esto los va a llevar a una mejor recuperación”.
Otro punto importante en el tratamiento es la identificación de los factores de riesgo que tiene la persona que ha sufrido un infarto. La mayoría de las veces se está frente a un fumador, a un hipertenso, a alguien que presenta colesterol alto, que es diabético, obeso, sedentario, o que está estresado. Ya sea una o varias de estas causas, se deben tratar de corregir, ya que llevan a la progresión de la aterosclerosis, es decir, de la formación de placas que luego se rompen dentro de las arterias generando un trombo, y que al ocluir la arteria lleva al infarto.
“La persona debe aprender sobre sus factores de riesgos y reconocerlos, y debe saber que es importante para su calidad y expectativas de vida modificarlos en la medida de lo posible. No fumar, comer mejor, tener actividad física, reducir la carga de estrés, ayudará”, señala el cardiólogo.
El asegurar al paciente que se va a mejorar bien, es otra de las etapas del tratamiento, según comenta el Dr. Corbalán. Esto, para que no quede con una sensación de pánico que le impida volver a realizar una vida normal. “Es muy común que cuando se tiene un evento grave en la salud y se cae en un servicio clínico con monitores, doctores, enfermeras, etc, se piense que el mundo se acabó, y los pacientes temen que les vuelva a ocurrir un evento similar. Por eso, un tratamiento a nivel psicológico también será necesario”.
Y un aspecto que cobra vital importancia es la parte del tratamiento que tiene que ver específicamente con el trabajo médico, y que tiene varios pilares de importancia: el primero de ellos es la administración de la aspirina, un antiplaquetario que contribuye a prevenir que se formen coágulos dentro de una arteria del corazón. El Dr. Corbalán comenta que “una dosis de 100 mg. al día, es suficiente para obtener este efecto antitrombótico. El consumo de aspirina es muy efectivo, ya que si se da en el curso de un infarto agudo, puede reducir la mortalidad en un 25%”, recalca. En efecto, es tan efectiva que aún sin angioplastía ni trombolisis puede salvarle la vida a un individuo infartado.
Otras de las medidas son los antiplaquetarios que se administran en un paciente con angioplastía para prevenir los coágulos dentro del stent; los betabloqueadores, que disminuyen la fuerza de contracción del corazón y secundariamente el consumo de oxígeno por parte de este órgano; y las estatinas, que regulan el colesterol y reducen la inflamación que provoca la formación de placas. Estos pilares fundamentales son muy importantes en la prevención de nuevos eventos coronarios.
El seguimiento
En algún momento de la evolución del infarto, entre la tercera y la sexta semana, deben hacerse algunas evaluaciones para asegurar que no se tengan peligros inmediatos o cercanos, como la muerte súbita, arritmias, coágulos que se forman dentro del corazón, y que puedan dirigirse al cerebro o a otra parte del cuerpo.
Estos exámenes son:
-Descartar que no haya déficit de irrigación en otros territorios que no sea el del infarto, por medio de una Coronariografía. Si una persona ha sido sometida a una angioplastía, este examen demostrará si hay lesión en otras arterias.
-En caso de no haber sido sometida a Coronariografía, es importante por lo menos hacer un Test de Esfuerzo suave y después uno convencional (caminata, o pedalear en una bicicleta), para descartar que hay una isquemia o déficit de irrigación.
-Evaluar la función del corazón con Ecocardiograma, que permite ver los diámetros del corazón, cómo se contraen sus paredes, cómo se encuentra la función global del corazón o si la zona infartada es grande o chica, para ayudar al pronóstico.
-Realizar un Holter de electrocardiografía, para descartar arritmias complejas que pueden ser indicadores del riesgo de muerte súbita.
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